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La tarea que tenemos por delante, por Jorge Moruno

07 de agosto de 2016 0 Comentarios

La política se parece más al álgebra que a la aritmética y todavía más a las matemáticas superiores que a las matemáticas simples.

Lenin

A la hora de pararse a pensar sobre lo que ha sucedido entre el pasado 20D y el 26J, es aconsejable hacerlo lejos de los cainismos donde las pasiones que ayer eran alegres hoy se tornan iracundas. En realidad, el problema estriba en que dentro de la abstención caben todas las explicaciones predefinidas, todas encajan, todas responden a lo que uno cree, todas reproducen la neurosis. Entrar en ese bucle de nada nos sirve y solo nos ahoga en un pozo de miserias, lo cual no exime la necesidad de reflexionar y analizar en profundidad qué ha pasado desde diciembre hasta junio, incluso cuando resulta complicado, quizás imposible, encontrar una única razón.

Pero para no hacernos trampas en solitario. Leo que a la campaña de Unidos Podemos le ha faltado “calle” y “movilización social” y ha tenido un exceso de “marketing”. Siempre queda bien apelar a esta carta a falta de argumentos sólidos. Lo que no significa que la movilización social no sea fundamental para cualquier proceso de cambio. Veamos, ha sido la campaña con más cantidad de actos, con los actos más concurridos y masivos, lleno de carteles, panfletos, una campaña levantada a pulso por la gente, una campaña donde solo Unidos Podemos se podía permitir hacer actos en la playa la misma noche de San Juan.

Regurgita una matriz muy vieja, la misma que nunca entendió las razones del surgimiento de Podemos, la misma que ahora tiene nostalgia de la “campaña de las europeas”, cuando en su momento lanzaba una crítica mordaz. Llevan anunciando el “cuarto sello” bíblico de Podemos  desde sus inicios: así no se podía plantear una candidatura, la cara de Pablo en la papeleta era un error garrafal, usar la tele era impuro, tras las elecciones catalanas Podemos debía disolverse, y ya en el 20D usar la palabra “patria” era inasumible. Hablar de “marketing vs contenido” es un falso debate que esconde una postura muy vetusta que no se demuestra en la práctica. Igualmente, Euskadi y Catalunya lo desmienten.

“Movilización social” no necesariamente hace referencia a procesos revulsivos como el 15M, que recordemos, provocaba recelo e incluso desprecio en sus inicios, más bien lo hace volviendo la mirada hacia esas “procesiones” donde estábamos “los de siempre”, “los buenos”.  Pero ciertamente, sin movilización, sin sociedad en movimiento las cosas se calman, sin esos procesos de mutación subjetiva en la sociedad no hay ninguna forma de cambio. Pero esa movilización no puede ser un apéndice de un partido, ni tiene nada que ver con esos sueños mistificados, sino con un movimiento de la sociedad: autónomo. Podemos no acabó con la movilización social cuando surgió, ni impidió una revolución en ciernes, esa es una lectura autocomplaciente que se fuga del análisis concreto de la situación concreta. La ola ya estaba cayendo claramente, no es tarea de ninguna organización de partido que surja una nueva, eso no sería sano.

Considero que la pregunta pendiente, Podemos, ¿y ahora qué?, tiene más que ver con un ejercicio de prognosis, esto es, de anticipación a lo que viene, que de diagnosis de lo ocurrido. Dicho de otra forma, la mejor forma de resolver lo pasado es apuntando bien al futuro. Esto significa retomar este debate sobre el ciclo que ahora se abre, y que le dimos al pause con la nueva convocatoria de elecciones del 26J. Se ha cerrado un ciclo, ahora parece que definitivamente. La pregunta y la conversación que debemos mantener gira en torno a cómo vamos a ser capaces de mutar hacia una forma nueva. Necesitamos hacernos cuerpo, la máquina de guerra electoral ha cumplido su función y debemos agradecerlo, ya que incluso con el sabor agrio del 26J, nadie hubiera pensado hace dos años que nuestro mayor disgusto iba a ser sacar 71 diputados. Portamos viento de cambio cuando el PSOE, tras el peor resultado de su historia, celebra no haber sido superado por Unidos Podemos, mientras que a Unidos Podemos se le atraganta no haber conseguido ganar al PP.

Se acaba el tiempo de la máquina de guerra electoral porque tras 6 comicios en dos años (ahora vienen las gallegas y las vascas), se inicia un tiempo nuevo. Esto requiere avanzar hacia una reforma integral del propio modelo organizativo reorientado a una democratización y federalización del ejercicio del poder, a una mayor pluralidad y tiene que ver con modificar las prioridades y prestar atención al trabajo más molecular y cotidiano, menos visible pero mucho más sólido. Un Podemos más empático, más abierto. Toca adaptarse, toca superar las etiquetas o ser una coalición de partidos, toca levantar movimiento popular, esa es la calle que necesitamos.

Es tiempo de escuchar, pensar y trabajar para ser más. La clave siempre pasa por ampliar e indagar en aquello que lo hace posible. Se trata en definitiva de construir otro tipo de racionalidad que sirva de dique y soporte ante la propaganda, el odio y la soledad. Incentivar otra manera de operar y de hacer economía,  de consumir, de encontrarse y verse. Esto se hace con los ladrillos que somos, que tenemos, con la realidad de la que partimos, lo cual nos lleva a pensar claramente que las posibilidades de transformación social y de construcción de movimiento popular, nada tienen que ver con lecturas diseñadas en los gabinetes de la verdad.  Dicho en palabras de Marx, tenemos que ser capaces de  desarrollar nuevos principios para el mundo sobre la base de los propios principios del mundo. Esa es la tarea del materialista práctico y esa es creo, la gran tarea que tenemos por delante, la que nos hará todavía más fuertes. Seguimos, queda todo por hacer.

Fuente: http://blogs.publico.es/jorge-moruno/2016/06/27/la-tarea-que-tenemos-por-delante/

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